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lunes, 10 de octubre de 2016

¿Solidaridad con Haití?






Los problemas de Haití no se entienden ni se resuelven con un “meme” o con una foto llena de cifras especuladoras que muestran un país postrado. Tampoco porque alguien cuestione a quienes fueron solidarios con Paris, Orlando o Bruselas. La solidaridad no es algo que se juega a las cartas o al quien de más. Poco contribuye criticar a quien es solidario con algo, cuando el problema está en quienes no son solidarios con nada.

Haití es un país que sufre una vulnerabilidad extrema, basada en causas estructurales cuya explicación se debe buscar en la historia de un pueblo explotado por unos y por otros, con una degradación ambiental quizás sin comparación en el mundo, con unos niveles de pobreza e inaccesibilidad que llevan a su población a una lucha diaria por la subsistencia y con un gobierno que aún no asume en su totalidad la conducción política, social y económica del Estado.

Ahí el largo plazo o el desarrollo son poco más que palabras bonitas o bien aspiraciones reales que se deben comprender en la escala y el contexto de quienes lo viven, no de quienes llegamos de afuera con nuestras motivaciones algunas veces ingenuas y otras veces arrogantes y desinformadas.

Las catástrofes, grandes o pequeñas, forman parte de la vida cotidiana del pueblo haitiano. La gran mayoría no salen a la prensa, porque no son cifras gigantescas que llenarán de “hits” las publicaciones, o que serán "reposteadas" por miles o millones de personas, apelando a una solidaridad generalmente teórica, basada en la comodidad del sillón y el efecto efímero de la internet.

Estaba en el norte de Haití cuando llegaron las primeras noticias de lo que entonces ya se pensaba que podría llegar a ser el peor huracán de la temporada. Precisamente me encontraba trabajando en el Centro de Operaciones de Emergencia del Departamento del Norte, en Cap Haitien. Pude atestiguar un seguimiento cercano del fenómeno por parte de las autoridades haitianas, sus representantes en el territorio y sus socios y aliados internacionales. El desarrollo del fenómeno y su potencial de impacto estuvo lejos de la imagen que muchos transmiten, de falta de información o de indecisión. El sistema nacional se articuló y comenzó a funcionar a tiempo, analizando y pasando información, activando protocolos y tratando de generar una respuesta, en el contexto de capacidades con las que dispone el país.

El Centro de Operaciones de Emergencia Nacional se movilizó y las alertas fueron enviadas por los diferentes medios que se cuenta y que han sido organizados , preparados y probados con anterioridad: Comunicación directa con los comités departamentales, municipales y locales; envío de mensajería sms, con amplia cobertura en todo el país, twiter, Facebook, avisos por los medios de comunicación y en muchos casos puerta a puerta. Procesos de evacuación y atención a la población, probados año a año en simulacros , simulaciones y frecuentes eventos reales, fueron puestos en marcha.


Las evacuaciones comenzaron a realizarse mucho antes del impacto del huracán, con lo cual miles de vidas fueron salvadas. (Claro, a pocos le interesa publicar las vidas que se salvaron y los bienes que se protegieron, porque las buenas noticias no venden).


Mensaje enviado el 2 de octubre, por las redes sociales y los sistemas celulares (estos últimos de amplia cobertura y utilización en el país, a todos los niveles de población):
(En las calles, en las iglesias, en la radio, en la televisión, por teléfono ... todos nosotros para hacer que pase el mensaje...)



El cuatro de octubre el huracán tocó tierra haitiana, con una capacidad de devastación que pondría en serios aprietos a cualquier gobierno y a cualquier estructura de respuesta. Son muchas las pérdidas de vidas humanas y los daños a una población y un país que viven con poco y pierden mucho. Los vientos fuertes del huracán destruyeron edificaciones y casas de todo tipo. La destrucción en las ciudades de los departamentos de Nippes, Grande Anse y Sud es sumamente elevada.









Una catástrofe, de nuevo. De nuevo Haití.

La atención internacional está de nuevo puesta en este país. Una gran parte de la prensa informa permanentemente balances del impacto. Sin ninguna fuente acreditable, llenan los espacios televisivos y  virtuales.

También hay una gran movilización internacional de apoyo. En buena medida una movilización responsable por parte de las agencias especializadas. Sin embargo, también mucha de esta movilización, mucha de esta información, no se basa en la situación real del país. Un evento de este tipo requiere tiempo para la evaluación real y certera de los daños. No se puede hacer a vuelo de pájaro, o basado en entrevistas puntuales sobre la percepción o la opinión de personas o autoridades. Las prioridades mayores en los primeros días son la atención médica, la atención humanitaria y el manejo de los incidentes que continúan dándose, porque las aguas no bajan solo porque el huracán se fue. Las instituciones haitianas, apoyadas por la cooperación internacional especializada, hacen su mayor esfuerzo para aportar información objetiva y creíble, pero no todo el mundo tiene la paciencia necesaria, o el respeto que se le debe a las instituciones y a las personas que llevan años lidiando con el problema del riesgo y los desastres en el día a día.

La mayoría de cifras que se ven en la prensa o en las redes sociales están basadas en un único criterio: la mayor posible, porque la cifra mayor es la esperada, la que más suena, la que más será vista. También las que hablan de incapacidad en la respuesta, o de abandono. Es preciso entender que las condiciones que se miran en las imágenes y los videos son las que estaban antes del huracán. El evento las exacerba a niveles máximos, pero no las crea, no las inventa. Si hay desatención, si hay pobreza, si hay deforestación y subempleo, no fue porque empezó en octubre de 2016. Entonces, si nos preocupa Haití, y queremos ser solidarios, no podemos serlo únicamente cuando un evento máximo se dispara.

Cuando pase la fase de respuesta humanitaria, volverán las grandes preguntas. Los porqués. Será el momento de demostrar una real capacidad de comprensión de las particularidades del país y sus necesidades. Haití no necesita un flujo masivo de misiones que se atropellan en el aeropuerto; de dedos señalando enjuiciadores lo que se debió haber hecho; o de fondos amarrados a condiciones que el país nunca podrá llenar. De nada sirve el ofrecimiento irresponsable de millones de euros o dólares o yuans, que se quedarán en el limbo de las promesas que solo sirven después para desacreditar a quienes tendrían que implementar cosas inviables.

Personal voluntario en las calles, puerta a puerta, avisando (2 de octubre)

Lo que Haití más necesita es un apoyo basado en sus condiciones reales, en su proceso histórico. La descentralización no se hará por arte de magia, solo porque queremos transferirle fondos a los gobiernos territoriales; las instituciones no serán fuertes sin presupuestos, sin salarios que permitan retener a las personas con capacidades técnicas adecuadas. Las intervenciones necesarias no siempre serán sostenibles, porque la sostenibilidad es una condición compleja que sobrepasa las demandas de un donante. Las condiciones de gobernabilidad tienen que estudiarse y entenderse, y por más frustrante que pueda ser el escenario, es el que es, y quienes cooperan deben adaptarse a él, para ayudar a cambiarlo con más creatividad que grandes palabras.

Lo que Haití necesita son sistemas de alerta temprana que se basen en las capacidades comunitarias y en las posibilidades reales de la estructura institucional para absorber y mantener las soluciones. De nada sirven sistemas tecnológicos, diseñados para contextos completamente diferentes, pero que en países como Haití, y muchos otros de América Latina, son insostenibles en medio de grandes disparidades territoriales, donde precisamente las zonas más vulnerables son las que menos capacidad de absorción tienen.

El eufemismo de “la última milla” con el que se nombra la incapacidad de llevar las soluciones a las comunidades expuestas, es como un acto de contrición ex-ante. Supuestamente, después de analizar el riesgo, vigilar y avaluar los fenómenos naturales y hacer modificaciones institucionales, algún día, la mágica premonición de los satélites llegaría a las personas que viven en el litoral o al borde de los ríos que se desbordan. Ningún satélite o radar puede sustituir a la organización comunitaria, al trabajo respetuoso y sereno que se requiere para reforzar las capacidades locales, para garantizar una base autónoma de respuesta y acción. No es un asunto de dinero que llega o no llega, no es la marca o el tipo de tecnología. Es el enfoque. Es el compromiso real con las personas.

En Haití, con todo lo difícil de un contexto extremo de carestía, hay ejemplos de sostenibilidad, de trabajo local, de resiliencia, de proyectos comunitarios exitosos, de organización que funciona en la dimensión haitiana, no en el estándar externo que todo lo quiere homogenizar, para que sea más fácil de monitorear y reportar.

Es el tiempo de apoyar a un país devastado pero no vencido. La población haitiana es probablemente la más resiliente que hay en nuestro continente. Sabe salir de las crisis que les golpean constantemente, sin mucha atención a las reglas ni a lo establecido, sin preocuparse demasiado por los juicios y las calificaciones externas, pero siempre sonriendo, consientes de que al final, son ellos quienes se quedan.

La grandilocuencia es innecesaria, irrelevante. Las fotos en Facebook no llevan comida a un albergue, ni alivian el dolor de una madre o de un anciano. Las comparaciones sin rigor no fortalecen a nadie. Si queremos ser solidarios con Haití, tenemos que hacerlo con respeto. Valorando a su gente, a sus instituciones, a los socios que trabajan codo a codo con su población y sus organizaciones.

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Luis Rolando Durán Vargas
América Latuanis

Fotos e información:
Pwoteksyon Sivil Se Nou Tout





4 de octubre. Aviso de Electricidad de Haití sobre la apertura preventiva de represas

Personal voluntario de la Protección Civil, usando todos los medios disponibles






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Lire en français


Solidarité avec Haïti ?


Les problèmes d’Haïti ne peuvent être compris ni résolus avec un  « mème » ni avec une photo pleine de chiffres hypothétiques qui dépeignent un pays à genou. Ils ne le sont pas davantage lorsqu’on remet en question ceux qui ont été solidaires avec Paris, Orlando ou Bruxelles. La solidarité n’est pas le fruit du hasard ou l’apanage de  ceux qui donnent le plus. Rien ne sert de critiquer ceux qui sont solidaires avec quelque chose, alors que le problème vient de ceux qui ne sont solidaires de rien.
Haïti est un pays qui souffre d’une vulnérabilité extrême, due à des raisons structurelles dont on doit chercher la cause dans l’histoire d’un peuple exploité par les uns et les autres, un pays qui connaît une dégradation environnementale sans doute unique au monde et des niveaux de pauvreté et d'inaccessibilité qui imposent à sa population une lutte quotidienne pour la survie, et où le gouvernement n’assume pas encore complètement la gestion politique, sociale et économique de l'État.

Ici, les concepts de « long terme » ou de « développement » ne sont guère plus que de jolis mots ou encore des aspirations réelles, mais qui doivent être comprises dans le contexte de ceux qui le vivent, non pas de nous qui arrivons de l’extérieur avec nos motivations parfois ingénues et parfois arrogantes et mal informées. 

Les catastrophes, grandes ou petites, font partie de la vie quotidienne du peuple haïtien. La grande majorité d’entre elles ne font pas les manchettes, parce que ce ne sont pas des chiffres gigantesques qui vont générer une multitude de clics pour les publications, ou qui seront republiées par des milliers ou des millions de personnes, faisant appel à une solidarité généralement théorique, qui repose sur le confort du fauteuil et l'effet éphémère d'Internet. 

J’étais dans le nord d’Haïti quand nous avons reçu les premières nouvelles de ce que l’on croyait déjà pourrait être le pire ouragan de la saison. Je travaillais précisément au Centre d'Opérations d'Urgence du Département du Nord, à Cap Haïtien. J’ai pu être témoin du fait que les autorités haïtiennes, ses représentants sur le territoire et ses partenaires et alliés internationaux ont surveillé le phénomène de près. Le développement du phénomène et de son potentiel d'impact a été bien différent de l'image que plusieurs en véhiculent, à savoir qu’il y aurait eu un manque d'information ou de décision. Le système national s’est articulé et a commencé à fonctionner à temps, analysant et transmettant l’information, activant des protocoles et essayant de générer une intervention, dans la mesure des capacités dont dispose le pays.




Le Centre d'Opérations d'Urgence Nationale a été mobilisé et les alertes ont été envoyées par les différents moyens en place qui avaient étés organisés, préparés et testés auparavant : communication directe avec les comités départementaux, municipaux et locaux, envois dans l’ensemble du pays par messagerie SMS, Twitter et Facebook, avis dans les médias et, à bien des endroits, livrés de porte à porte. Des  procédures d'évacuation et de assistance auprès de la population - testés année après année dans le cadre d’exercices d’alerte, de simulations et souvent d’évènements réels - ont été mises en place.

On a entrepris les évacuations bien avant que l'ouragan ne frappe, épargnant ainsi des milliers de vies. (Bien sûr, peu s’intéressent aux vies qui ont été sauvées et aux biens qui ont été protégés, parce que les bonnes nouvelles ne font pas les gros tirages.)

Ci-dessous, un message envoyé le 2 octobre, par les réseaux sociaux et les systèmes cellulaires (ces derniers bénéficiant d'une ample couverture et d’une utilisation à tous les échelons de la population et dans l’ensemble du pays)
(Dans les rues, dans les églises, à la radio, à la télévision, au téléphone ... à nous tous de faire passer le message ...)

Le 4 octobre, l'ouragan a touché terre à Haïti, avec un potentiel de destruction qui aurait mis à rude épreuve n’importe quel gouvernement et n’importe quelle structure d’intervention. La perte en vies humaines et les dommages sont grands pour une population et un pays qui vivent avec peu et perdent beaucoup. Les vents forts de l'ouragan ont détruit des constructions et des maisons de tout genre. La destruction dans les villes des départements de Nippes, de Grande Anse et du Sud est extrêmement élevée.

Une catastrophe, de nouveau. De nouveau Haïti.

L'attention internationale est une fois de plus tournée sur ce pays. La presse publie constamment et des bilans de l'impact. Bien que souvent ils ne proviennent pas de sources fiables, ils remplissent les espaces télévisuels et virtuels.

Il y a aussi une importante mobilisation internationale de soutien. En grande partie une mobilisation responsable et adéquate par les institutions spécialisées. Cependant, une partie importante de cette mobilisation et de cette information, n'est pas fondée sur la situation réelle du pays. Une évaluation réelle et exacte des dommages causés par un évènement de ce genre requiert du temps. Elle ne peut être faite à vol d’oiseau ou basée sur des entrevues ponctuelles qui portent sur la perception ou l'opinion d’individus ou d'autorités. Les plus grandes priorités dans les premiers jours sont l'attention médicale, l'attention humanitaire et la gestion des incidents qui continuent de survenir, dû au fait que les eaux ne se retirent pas une fois l’ouragan passé. Les institutions haïtiennes, appuyées par la coopération internationale spécialisée, font de leur mieux pour fournir de l’information objective et crédible, mais certaines personnes et organisations n’ont ni la patience, ni le respect nécessaire à l’endroit des institutions et des individus qui, depuis des années, font face quotidiennement au problème du risque et des désastres.

La majorité des chiffres qui sont publiés dans la presse ou dans les réseaux sociaux sont basés sur un seul critère : qu’ils soient les plus élevés possibles, parce qu’on s’attend à des chiffres importants, parce que ce sont ceux qui résonnent le plus, ceux qui seront les plus visibles. Ce sont aussi ceux qui laissent entrevoir une incapacité dans l’intervention, voire même un abandon. Il est nécessaire de comprendre que les conditions que l’on nous montre dans les images et les vidéos existaient avant l'ouragan. La conjoncture de l’impact les exacerbe à des niveaux extrêmes, mais elles ne les crée pas, ne les invente pas. S'il y a de la négligence, de la pauvreté, de la déforestation et du sous-emploi, ces phénomènes ne sont pas apparus en octobre 2016. Alors, si Haïti nous inquiète et que nous voulons être solidaires, nous ne pouvons pas l’être uniquement lorsque se produit un événement extrême.
Quand la phase d’intervention humanitaire sera terminée, les grandes questions reviendront. Les pourquoi. Ce sera le moment de démontrer une capacité réelle de compréhension des particularités et des nécessités du pays. Haïti n'a pas besoin d'un afflux de missions qui se bousculent à l'aéroport, ni de fonds rattachés à des conditions que le pays ne pourra jamais remplir. L'offre irresponsable de millions d'euros, de dollars, de yuans ou de pesos ne sert à rien si elle reste dans l’univers des promesses qui ne serviront qu’à discréditer ceux qui auraient été censés mettre en œuvre des choses non viables.
Faire passer l'alerte: porte à porte


Ce dont Haïti a le plus besoin, c'est d’un appui fondé sur ses conditions réelles, sur son processus historique. La décentralisation ne se fera pas par magie, ou par la simple volonté de transférer des fonds aux gouvernements territoriaux;  les institutions ne seront plus fortes sans budgets; sans salaires pour retenir les personnes possédant des compétences techniques appropriées. Les interventions nécessaires ne seront pas toujours durables, parce que la durabilité est une condition complexe qui dépasse les demandes circonstancielles d'un donateur. Les conditions reliées à la gouvernance doivent s’apprendre et se comprendre, et bien que le scénario puisse être frustrant, il est ce qu’il est, et c’est à ceux qui souhaitent coopérer de s’y adapter pour aider à le changer de manière créative, plutôt qu’avec de grands mots.

Ce dont Haïti a besoin, ce sont des systèmes d'alerte précoce basés sur les capacités communautaires et sur les capacités réelles des structures institutionnelles d’intégrer et de maintenir les solutions. Les systèmes technologiques créés pour des contextes complètement différents ne sont pas utiles dans des pays comme Haïti et plusieurs autres d'Amérique latine, puisqu’ils ne sont pas viables dans des contextes de grande disparité territoriale, où les zones les plus vulnérables sont précisément celles qui ont le moins de capacité d'absorption.

L'euphémisme de la « last mile » que l’on utilise pour décrire l'incapacité de porter les solutions aux communautés exposées, est comme un acte de contrition prématuré. Cela suppose qu’après avoir analysé le risque, surveillé et évalué les phénomènes naturels et fait des modifications institutionnelles, un jour, la prémonition magique des satellites se rendrait aux personnes qui vivent sur le littoral ou en bordure de rivières qui débordent. Aucun satellite ni radar ne peut remplacer l'organisation communautaire, le travail respectueux et serein qui est requis pour renforcer les capacités locales, pour garantir une base autonome d’intervention et d'action. Il n'est pas ici question d'argent qui arrive ou qui n'arrive pas, pas plus que de la marque ou du type de technologie.

C'est l’approche. C'est l'engagement réel auprès des personnes.

A Haïti, avec toutes les difficultés que comporte un contexte de pénurie extrême, il y a des exemples de durabilité, de travail local et d'organisations qui fonctionnent pour la réalité haïtienne, et non pas selon des standards externes qui veulent tout homogénéiser, pour que ce soit plus facile à surveiller et à rapporter.

Il est temps d'appuyer un pays dévasté mais non vaincu. La population haïtienne est probablement la plus résiliente qui soit sur notre continent. Elle sait se relever des crises qui la frappent constamment, sans faire très attention aux règles ni à l'ordre établi, sans trop se préoccuper des jugements et des appréciations externes, mais toujours en souriant, consciente qu’en bout de ligne, c’est elle qui y restera.


La grandiloquence est superflue, insignifiante. Les photos sur Facebook ne fournissent pas de nourriture à un refuge, elles n’allègent pas la douleur d'une mère ou d'un vieillard. Les comparaisons sans rigueur ne renforcent personne. Si nous voulons être solidaires avec Haïti, nous devons le faire avec respect. Il nous faut valoriser ses citoyens, ses institutions et les partenaires qui travaillent main dans la main avec sa population et ses organisations.

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Luis Rolando Durán Vargas
América Latuanis


Merci a Gabrielle Brunet Poirier et Marie-Élisabeth Brunet pour son appui avec la traduction
Gracias a Gabrielle Brunet Poirier et Marie-Élisabeth Brunet por su apoyo en la traducción.











sábado, 6 de junio de 2015

Persiguiendo el agua


La ciudad de Beira, provincia de Sofala

La ciudad de Beira, en Mozambique, por donde el río Zambezi suelta las aguas que recogió en un largo itinerario de 6 países, miles de kilómetros, cataratas y cocodrilos, tenía gravísimos problemas de inundaciones y anegamientos. Como resultado de los conflictos armados por la independencia, la ciudad se había vuelto un caos y todos los planos de su construcción y estructura se habían perdido. Cada cierto tiempo, las aguas volvían a pasar, arrasando solares y miserias, llevándole al mar lo que él nunca había pedido. Así, como Beira, miles de ciudades, han cubierto de cemento la respiración del suelo, calentando el aire y cerrando los minúsculos sumideros cuya función ha sido la de infiltrar lentamente las aguas.
Inundación urbana

Hace unos años, el presidente municipal de Beira1 decidió que era hora de controlar esas inundaciones, inventadas por el caos político, la dinámica urbana y la exclusión social. El problema era la falta de mapas o planos para ubicar los desagües diseñados en la construcción de la ciudad. Entonces, alguien salió con la idea de observar el comportamiento del agua: cada vez que lloviera, la comunidad debía salir a mirar donde entraba y donde salía. Cientos de personas corretearon el agua, para redibujar sus caminos.

Caminos del agua, rutas impredecibles y caprichosas, para algunos,  motivo de aprendizaje y planeamiento para otros. Los antiguos egipcios lograron comprender desde temprano los caminos del agua, y por eso fueron capaces de aprovechar las crecidas del río Nilo y crear una civilización sobre el desierto. En nuestra engañosa modernidad global, aún con la silenciosa mirada de los satélites, que escudriñan hasta las intenciones,  en nuestro día a día observamos sequías violentas, con una tierra quebrada y macilenta, donde solo ayer hubo lagunas e inundaciones. El ciclo, extensivamente anunciado, da la vuelta y poco tiempo después, donde estuvo seco vendrán las aguas y habrá destrucción, las plantaciones y las personas se ahogan y la política invocará lo fortuito y lo natural para esconder la sordera que caracteriza la forma en que se administran los territorios.

Sequía en el norte de Brasil

Como el alcalde de Beira, quizás habría que salir a perseguir el agua, para entenderla y respetarla, para planificar con sabiduría.

Estando de nuevo en la Província de Cunene, en Angola, y por primera vez en la provincia desértica de Namibe, observo los resultados de una sequía que lleva ya casi cinco años. Miles de personas afectadas, han visto su ganado morir, y el aumento de su fragilidad. Parece un desastre nuevo, pero es un desastre viejo. Las causas son las mismas, o parecidas. La historia no se repite, decía Mark Twain, pero rima con ella misma.

Provincia de Namibe, los efectos de una sequía de 4 años son evidentes
En Namibe, la Laguna de los Arcos, se puede caminar. Los letreros que dicen “prohibido nadar” atestiguan una situación que primero da risa, cuando se observa la tierra rota y seca y el polvo y la arena flotando en un aire cargado, con un calor que corta la respiración y una sequedad que deshidrata aceleradamente. Después, se siente el dolor en la piel, al saber que ese rótulo en realidad atestigua la falta de planificación, la incapacidad de manejar bien lo que ya estaba avisado. 

 Esto es hoy el sur de Angola, con una desertificación peregrina, pero también lo es, aunque en otra escala, en una vasta cantidad de países en desarrollo. 

"Prohibido nadar"


La laguna de los arcos, desesperadamente seca. Entre los arbustos, poblaciones nómadas, acostumbradas a la disponibilidad de agua en los pozos de la zona, hoy deben ser atendidas, con agua y alimentos


Hoy con el Fenómeno del Niño otra vez tocando la puerta uno se pregunta ¿quién habrá tomado ya sus decisiones? ¿quién previó que vendrían tiempos de falta o de exceso de agua, y quien se preparó?. ¿Será que el agua que anegó y creo inundaciones se pudo conservar, será que encontramos la forma de reponer la capacidad de retención e infiltración en los suelos?. ¿Será que el maíz, la yuca, el massango o la massambala, resistirán la próxima vez, para poderse convertir en alimento? Experiencias en Centroamérica2 muestran que es posible entender el ciclo del agua y prepararse para enfrentar la variabilidad y el cambio del clima, aumentando la resiliencia de algunas actividades y regiones.

Las duras lecciones de la sequía en Africa deberían alimentar la experiencia en América Latina. Para mirarnos en ese espejo, para reconocer las similitudes y las ventajas, para compartir y aprender juntos
Cunene, en Angola. Zona permanentemente afectada por la sequía

El desafío es mayor. Hoy, después de décadas de promoción e inversión, el conocimiento básico del problema, aún a nivel de las causas físicas (amenazas) está lejos de alcanzar un nivel adecuado. Al margen del tamaño o el producto interno bruto de los países en desarrollo, el conocimiento del riesgo no parece alcanzar para mejorar sustancial y duraderamente la percepción y reconocimiento del problema.

Entonces, me planteo algunas preguntas:

¿Cuales son los procesos o mecanismos reales que permitirán comprender la dinámica natural del agua, en espacios y territorios donde la información tradicional no es sistematizada y la información científica prácticamente no existe? En unas regiones la escasez de datos es apremiante y no se encuentra siquiera a escalas generales, qué decir de la información de sitio, necesaria para la planificación y acción entre actores locales. Aquí se encuentra, todavía hoy, uno de los grandes desafíos para la gestión del riesgo.

Por otra parte, ¿que tanto conocemos los procesos de la gobernanza? ¿Cuando comprenderemos que no basta con decir que los políticos no entienden, o que no hay “voluntad política” para cambiar, o que simplemente no se puede? Es imprescindible comprender como funciona la política, más allá de los discursos populares, que se convierten en “tendencias” en la red social, pero que no contribuyen en nada a resolver las necesidades de unas poblaciones cada vez más frágiles y menos resilientes. La acción requiere una inteligencia fundamental, la del diálogo y el entendimiento, la de la valoración mesurada de las opciones. 

Si no entendemos las presiones diarias del alcalde, sus opciones y limitaciones,  si no sabemos como se identifican y financian los proyectos de inversión pública, si no tenemos claras las competencias institucionales, los períodos y la misma burocracia que los podría hacer viables, si venimos con soluciones técnicamente impecables, pero administrativamente inviables, estaremos contribuyendo con el problema y no con su solución. 

No basta con perseguir el agua.


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Turin, Italia. Junio 2015

Luis Rolando Durán Vargas
América Latuanis


1. Esta historia me la contó una colega moçambicana. En Beira y otras regiones de Mozambique se han instalado exitosos sistemas de alerta temprana.

2. El Foro del Clima y el Foro de las Aplicaciones, son excelentes contribuciones al conocimiento del problema en Centroamérica y en muchas ocaciones han logrado alimentar verdaderos procesos preventivos de toma de decisiones. http://recursoshidricos.org

jueves, 21 de noviembre de 2013

Timor Oriental, por la ruta del sándalo




No nos dejaban hablar portugués, ni inglés. Hablábamos Tetum y querían que habláramos en Bahasa. La gente tenía miedo porque hasta el vecino podía soplar la información a los soldados, cuenta Sérgio en un caluroso restaurante en la ciudad de Liquiça. Ahora dicen que el país está progresando, pero cuando vemos la realidad local, la situación es otra...

Un recuerdo del período indonesio, aún colgado de una pared en el Ministerio de Solidaridad Social
La invasión de Indonesia a Timor Oriental es uno de los hechos más impunes y violentos del siglo XX. Con la complicidad de los Estados Unidos y de Australia, las tropas indonesas desembarcaron en la isla y a punta de balas y de napalm de fabricación soviética – contradicciones y descaro de la guerra fría – contuvieron el deseo de independencia de esta pequeño país del sureste de Asia. Miles de muertos fueron el producto de bombardeos indiscriminados y de una represión sistemática.

Timor-Leste, Timur timur, o bien Este-este, es uno de los países más recientes del concierto internacional. Conquistado primero por los portugueses, quienes llegaron a la isla a explotar la madera de sándalo, y controlado después por el rey español, en tiempos de la corona integrada de Portugal y España, la isla fue después ocupada parcialmente por los holandeses. Al final, el territorio se partió en dos (o tres por el enclave de Oecussi, territorio oriental que quedó en medio de la parte Indonesa).


Después de décadas de ocupación, un referéndum consolidó la autonomía del país hace solo diez años.

En mis años de trabajo en África, en países considerados “jóvenes” (Angola, Mozambique o Cabo Verde), siempre he vivido con intensidad el hecho de sentir el paso y la huella de la colonia en la vida diaria. Las cortinas de la casa del gobernador portugués, que dejó olvidadas al huir de ultramar, o la nostalgia eventual de algunas personas habituadas al orden europeo y a la estructura de gobierno donde las decisiones se tomaban en tierras lejanas. En América Latina la colonia es tiempo viejo, se lleva en la historia, en la configuración de las naciones, pero definitivamente no en la vida cotidiana.

En Timor-leste esta sensación es aún más fuerte y dolorosa. No solo la colonia portuguesa, que al igual que en la mayoría de países lusofonos, con la excepción de Macao, se acabó con la Revolución de los Claveles en los años 70, sino las décadas de ocupación, se encuentran grabadas en la piel y los recuerdos recientes de la gente que, como Sérgio, transitan hoy un período de transición y consolidación de la autonomía de gobierno. No de la identidad, porque precisamente la población timorense siempre guardó  y defendió su derecho a ser y definirse como país.
 
La ciudad de Dili se asienta, bajo el calor y la humedad del trópico asiático, a lo largo de la Bahía de Timor. Pequeña, segura y ordenada, sorprende al mirarla y al sentirla. El mercado principal de la ciudad no se parece en nada a los que conozco en otros países. Lejos del caos de verduras y animales vivos o listos para comer, en Dili y en los pequeños mercados locales, todo está ordenado, con primor, casi podría decir que con cariño.

Esta cortísima visita a Timor Oriental he podido observar una diversidad que aún parece estar en un caldo de cocción a fuego lento: una población católica ferviente, con procesiones al Cristo Rey que domina la Bahía y con imágenes omniprescentes de la Virgen de Fátima que traen la nostalgia de Portugal; una sociedad tolerante, donde homosexuales y travestis no solo caminan la ciudad sin agresión, sino que son parte vital de ceremonias locales y de la vida en comunidad; la presencia china, al igual que en África,  visible en el comercio de la calle y en las nuevas obras de infraestructura que el descubrimiento de petróleo y gas están financiando; y el colorido de un país que se construye a si mismo, sin arrogancia ni demasiadas pretensiones, pero con mucha convicción de su futuro.


Neymar, con la camiseta de Messi!
















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Luis Rolando Durán Vargas
® América Latuanis

Algunas imágenes de Dili y Liquiça



Una isla llena de playas de arena blanca



Visita de estudio a una zona inundable en el distrito de Liquiça